Resumen de Pedro Páramo (1955)

pedro-paramo
elcadillo.net

El principio

Pedro Páramo es una de las novelas fundamentales de la narrativa hispanoamericana. El autor, Juan Rulfo, presenta en esta obra un alto nivel literario y también el reflejo de la revolución cristera y la revolución mexicana, importantes conflictos armados que cambiaron la realidad de este país a finales del siglo 19 y comienzos del siglo 20.

Es la historia de un joven, Juan Preciado, que busca a su padre en una ciudad fantasmagórica llamada Comala. Él va ilusionado y recordando las palabras hermosas de su madre, Dolores, quien le había hablado de este poblado con descripciones que la elevan por su vida y naturaleza. Pero cuando encuentra que Comala ya se ha ennegrecido, camina con incertidumbre y se encuentra con personas que le hablan sobre el pasado de este poblado dominado por Pedro Páramo.

 

Eduviges, ¿madre de Miguel Páramo?

Juan Preciado intenta encontrar su origen y, al mismo tiempo, trata de cumplir una promesa que había hecho a su madre: ” —No vayas a pedirle nada. Exígele lo nuestro. Lo que estuvo obligado a darme y nunca me dio… El olvido en que nos tuvo, mi hijo, cóbraselo caro”.

En la primera parte se encuentra con Eduviges Dyada, una mujer que trabajó como empleada de Pedro Páramo y ahora deambula por las calles de Comala como si se tratara de un alma en pena.

El origen de estas lamentaciones podría remontarse al periodo en que vivió con Pedro Páramo. En la novela no se aclara si tuvo un hijo de él, pero existen varios fragmentos que especulan la posibilidad. En uno de ellos, su hermana María Dyada, habla con un padre de apellido Rentería porque quiere que le dé su perdón divino ya que Eduviges se suicidó con una soga.

María se refiere a Eduviges como una mujer que “sirvió siempre a sus semejantes, les dio todo lo que tuvo, hasta un hijo…”. Ese hijo podría ser Miguel Páramo, un joven que fallece en extrañas circunstancias encima de su caballo y que fue el único hijo reconocido de Pedro Páramo.

El papel de Eduviges como madre de Miguel encaja perfectamente con la escena donde ella es testigo de su espíritu, momentos antes de su velorio. Además, en otro fragmento importante (¿existe alguno que no lo sea en esta novela?), un padre de apellido Rentería le entrega a Pedro Páramo un bebé diciendo que “la mamá murió al alumbrarlo. Dijo que era de usted”.

Esto puede ser una mentira. Tal vez el padre se conmovió por las palabras de María Dyada ante la muerte de su hermana. Y movido por las palabras de esta mujer elaboró una historia para que el niño obtuviera el apellido de su padre y no se quedara huérfano. El cuento inventado no necesita mucha explicación porque Pedro Páramo no le pide demasiados detalles sobre él.

Otro elemento que puede reforzar esta teoría es que en la novela se incluye un momento en que Dolores Preciado pide a Eduviges que se acueste con Pedro Páramo porque quiere evitar tener relaciones sexuales con él durante su periodo menstrual. Fue esa una de las razones por las que no quería casarse inmediatamente y por las que pidió a Eduviges que hiciera este reemplazo.

Cuando Miguel Páramo se despide de Eduviges, en un momento sombrío, los lectores interpretan que ella sufre de alucinaciones. Pero, coincidentemente tras la muerte de Miguel, ella se suicida. Y el autor, como si hablara de manera implícita con el lector, provoca que Eduviges vuelva a suicidarse en el periodo actual de Juan Preciado en la Comala olvidada. La razón de su suicidio también puede tener origen en el dolor, como se conoce popularmente en las interpretaciones de la novela. Pero también podría ser porque era la madre de Miguel Páramo y no soportó su partida.

 

El codicioso Pedro Páramo

En los siguientes capítulos nos adentramos en la historia de Pedro Páramo. Conocemos su infancia a través de sus palabras y, apoyado por la visión de Damiana Cisneros (una empleada suya), vemos cómo crece en una hacienda llamada “La media luna”, que tiene muchas deudas heredadas de su padre y abuelo muertos. De manera inescrupulosa, el hombre pide la mano de Dolores Preciado (una de sus acreedoras). Esto tiene un objetivo interesado que es apropiarse de sus bienes.

Dolores se casa, vive con Pedro y da a luz a Juan Preciado. En ese momento Damiana observa cómo el niño abre los ojos. Luego se lo recuerda cuando lo encuentra en la Comala olvidada. La nueva madre empieza a suspirar frecuentemente y termina alejándose de Pedro Páramo porque los suspiros le quitan la vida. Viaja a Colima para vivir con su hermana Gertrudis, con quien muere.

Entonces aparece el nombre de Fulgor Sedano, anterior administrador de los bienes del padre de Pedro Páramo. El hombre encuentra a Pedro en la Media Luna y se sorprende al verlo convertido en todo un adulto. Al principio lo trata con frialdad, como si desconfiara de su poca experiencia. Pero ante la aparente astucia que le demuestra al pedirle apropiarse de la tierra de un acreedor, Toribio Aldrete, le otorga su respeto y cumple una tarea: asesinar a Aldrete.

 

Juan Preciado está muerto

En medio del relato, Damiana desaparece repentinamente luego de que Juan Preciado le preguntara si ella es real. De esta forma, el lector se percata sobre esta realidad de ultratumba al mismo tiempo en que el personaje lo descubre. Atemorizado, camina por las calles de la Comala olvidada y Rulfo nos entrega descripciones que logran cautivar por su nivel expresivo.

Juan se encuentra con dos hermanos incestuosos que son producto de alucinaciones, según la propia explicación de Juan Rulfo. De esta manera se delinea la progresiva afectación psicológica que sufre este personaje tras su encuentro con lo impensado: una tierra desolada llena de almas que no han encontrado el perdón. Estas almas provocan murmullos que Juan Preciado capta desde el momento en que se encuentra con los hermanos. Estos murmullos son también ecos, según las palabras de los habitantes de la Comala olvidada.

El autor utiliza la tercera persona para dar vida a las historias de estos murmullos. Sin embargo, en los momentos en que Juan Preciado habla lo hace en primera persona, al menos hasta que muere y queda dentro de una tumba, debajo del cuerpo de una mujer llamada Dorotea la Cuarraca.

Ella le pregunta cómo ha llegado allí y él le explica que primero fue a la casa de los hermanos incestuosos; éstos se pelearon y se separaron. Luego salieron de la casa y dejaron solo a Juan. Él observa que una mujer entra y dice reconocerla; vuelve la hermana y le dice que su hermano, Donis, no volverá. Juan duerme con ella y despierta sintiendo que el cuerpo de la mujer se ha descompuesto. Posteriormente aparece dentro de una tumba a lado de Dorotea la Cuarraca; juntos, oyen los murmullos de otros muertos y entre ellos escuchan la voz de Susana San Juan.

 

La muerte de Florencio

Los sucesos que envuelven a Pedro Páramo empiezan a desentrañarse. Desde el inicio de la novela se leen en primera persona (con letras cursivas) las evocaciones de Pedro Páramo que tienen relación con la imagen de Susana San Juan. Se refiere a ella como una mujer “que no es de este mundo” y la recuerda en momentos donde ambos juegan con un cometa en medio de un paisaje. Estas evocaciones sensibilizan al personaje de Pedro Páramo.

En estas instancias de la historia también conocemos al personaje de Susana San Juan, una joven que vive en unas minas con su padre Bartolome San Juan. Ella evoca en un momento de la novela a la figura de Florencio, su único amor verdadero. Rememora una ocasión en que ambos se encontraron desnudos en el mar y cuenta cómo ella disfrutaba verlo dentro del mar, al que se entrega “en su fuerte batir, en su suave poseer, sin dejar pedazo”.

Bartolome, ante el temor de que su hija le fuera arrebatada, asesina a Florencio, según la interpretación de la mayoría lectora. Pero este hecho no se aclara dentro de la novela.

Por eso quiero proponer la siguiente interpretación:

Lucas Páramo, el padre de Pedro Páramo, participa en una boda como padrino. Pedro irrumpe y asesina a todos y, en ese fatídico momento, una bala atraviesa a Lucas Páramo. No se sabe por qué desarrolló esta balacera porque la novela no lo aclara. Tan solo se utiliza este antecedente para dar fe de que Pedro Páramo fue siempre una persona violenta. Dorotea dice al respecto: “Y eso que a don Lucas nomás le tocó de rebote, porque al parecer la cosa era contra el novio”.

Entonces puede interpretarse que Pedro Páramo, celoso ante la posibilidad de que su amada Susana San Juan se case con Florencio, lo asesina impunemente. Así podría explicar su muerte.

 

Desprecio y amor

Los murmullos continúan y con ellos la historia de amor no correspondido entre Pedro Páramo y Susana San Juan. Cuando él se entera de que su hijo, Miguel Páramo, asesina al hermano de Rentería y a la sobrina del religioso, se comporta de manera indiferente, arguyendo que los parientes del cura son personas pobres, “gente que no conozco”, según las palabras de su administrador. Aquí vemos una faceta hedionda del personaje que da nombre a la novela.

Susana, sin embargo, es la cara contraria del desprecio: ella ama y sufre por la ausencia de su primer amor. Su padre recibe la propuesta de Pedro Páramo para que vaya a vivir con él. Ella acepta porque quiere desligarse de su padre, quien le dice que está loca y que debe respetarlo.

Susana se encuentra con Pedro Páramo y su aparente locura se incrementa a fuerza de delirios. Su condición podría tratarse de una secuela a las posibles violaciones sufridas a lo largo de su vida por parte de su padre, quien en toda la novela se muestra como un ser posesivo con su hija.

 

El tormento de un religioso

Hay un momento en que Miguel Páramo muere y el cura se niega a darle el perdón porque no puede perdonarlo por sus asesinatos. Sin embargo, acepta el dinero de Pedro Páramo para realizar el ritual. De esta manera Juan Rulfo dibuja a un cura que actúa bajo los designios del dinero.

La fantasmagoría de la Comala olvidada podría tener su razón de ser en los pobladores que no recibieron el perdón divino por parte de Rentería, quien olvida a los pobres por actuar interesadamente. Esa razón de ser otorga mayor fuerza al trabajo literario de Rulfo porque vemos que nada se aleja de las características principales. Hay un motivo que explica la superficie.

Pero lo interesante es que aquí no existe una construcción pueril del personaje religioso movido por el interés. Juan Rulfo nos presenta a un cura atosigado de culpas al menos cada vez que nos lo presenta en la historia en tercera persona. En un momento, un cura le dice que sabe “lo difícil” que es la tarea de ellos en esos pobres pueblos donde los tienen relegados.

Y añade que por “eso mismo” no debe “entregar servicio a unos cuantos, que te darán un poco a cambio de tu alma, y con tu alma en manos de ellos ¿qué podrás hacer para ser mejor que aquellos que son mejores que tú?”. Rentería busca  redención porque está siendo atormentado por su propia naturaleza considerada pecaminosa por su propia religión. Un conflicto moral lo vuelve humano. Y no se necesita de la primera persona para que vislumbren su interior.

 

El final

La novela termina con dos hechos principales. El primero de ellos sitúa a Pedro Páramo enfrentado a una revolución. Es cuando decide pagar con dinero a un grupo de revolucionarios para que no afecten su morada en la Media Luna. Ante la noticia de que su administrador falleció, envía a Damasio “El Tilcuate”, un guardaespaldas, para que trabaje como líder revolucionario y se “una a quien tiene más poder” en el conflicto armado. Cuando Damasio le manifiesta que los soldados necesitan comer algo más que carne, y le pide más dinero para provisiones, Pedro Páramo le dice que se conforme con lo que le dio. Y le aconseja que robe un poblado para sustentar al grupo.

“¿Para qué crees que andas en la revolución? Si vas a pedir limosna estás atrasado. Valía más que mejor te fueras con tu mujer a cuidar gallinas. ¡Échate sobre algún pueblo! Si tú andas arriesgando el pellejo, ¿por qué diablos no van a poner otros algo de su parte?”, expresa, mostrándose así como un ser individualista que abusa de su autoridad para defenderse.

El segundo hecho principal es el que tiene que ver con la muerte de Susana San Juan. En sus últimos minutos ella niega la bendición del padre Rentería porque no los cree útiles. Sonríe ante la posibilidad de alejarse de su padre Bartolomé y recuerda cuando lo obligaba a rebuscarse entre calaveras para conseguir oro al fondo de las minas de Colima. En el paso de la vida a la muerte sueña con ver nuevamente a Florencio y se aleja de Comala evocándolo con estas palabras:

“Tengo la boca llena de ti, de tu boca. Tus labios apretados, duros como si mordieran oprimiendo mis labios… (…) Él me cobijaba entre sus brazos. Me daba amor.”

Pedro Páramo se lamenta porque nunca “pudo conocer el mundo de Susana” y ordena que las campanas de la iglesia suenen durante tres días. El pueblo no se entera de lo que sucedió y organiza una gran fiesta con música y circo incluido. La reacción de Pedro Páramo es cruzarse de brazos y dejar que Comala se muera de hambre: se sienta en un equipal (silla artesanal mexicana) y se envuelve en ensoñaciones sobre Susana, deseando estar cerca de su presencia.

Amanece.

La novela culmina con un suceso que no se percibe a simple vista porque la lectura invita a que el lector interprete a través de detalles y palabras lo que sucede con Pedro Páramo.

Sentado en su equipal, acompañado de Damiana Cisneros, observa la figura de un hijo suyo que nunca recoció: Abundio Martínez. El hombre viene de beber mucho y con deseos de pedir que le dé dinero para los gastos del velorio de su esposa Refugio, quien falleció recientemente.

Pedro Páramo le dice a Damiana que vaya a ver qué quiere “ese hombre”, desconociéndolo completamente. Y ella realiza una señal de la cruz como si Abundio fuera un ser indeseado, tratándolo prácticamente un demonio. En la lectura no se percibe una personalidad violenta por parte de Abundio. Sí leemos que pide ayuda en unas tres ocasiones. La primera, antes de realizar ninguna acción; la segunda, antes de que Damiana grite “¡Están matando a Pedro Páramo!”; y la tercera, poco tiempo antes que un grupo venga a arrebatarle su “cuchillo lleno de sangre”.

Entendemos que Pedro Páramo cae al suelo, sin fuerzas en las manos, pensando en Susana San Juan y aceptando su muerte “con tal de que no sea una nueva noche”.

Después de poseer mucho poder, ser ignorado por el pueblo entero, y haber perdido a su amada, cae “suplicando por dentro; pero sin decir una sola palabra” y se desmorona “como si fuera un montón de piedras”. Es un final en el que sentimos una fuerza visual y emocional y nos ayuda a comprender internamente un personaje codicioso que se abandona a sí mismo por una pasión.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s