Cuento del rebaño: Arquetipos – Inconsciencia colectiva – Surrealismo – Teoría incompleta del origen de la inspiración

Carl Jung (1875-1961) fue un psicólogo suizo que habló del inconsciente colectivo. Últimamente estoy interesado en este tipo de pensamiento porque me llama mucho la atención la expresión artística que nace desde el subconsciente y se forma con palabras, como es el caso de la obra surrealista de André Breton (1896-1966), escritor francés.

Jung habló también de que dentro del inconsciente colectivo existen los arquetipos universales representados a través de la expresión oral (el mismo Jung tuvo una experiencia cercana con un paciente esquizofrénico que le dijo que veía en el sol un pene. Más tarde se encontró con un texto que hablaba del “tubo” que se cuelga del sol, en una visión algo onírica de la realidad de los dioses creados por los humanos), y literaria, que es lo que más me interesa.

Los arquetipos son definidos por la rae de la siguiente manera:

1. m. Modelo original y primario en un arte u otra cosa.

2. m. Ecd. Punto de partida de una tradición textual.

3. m. Psicol. Representación que se considera modelo de cualquier manifestación de la realidad.

4. m. Psicol. Imágenes o esquemas congénitos con valor simbólico que forma parte del inconsciente colectivo.

5. m. Rel. Tipo soberano y eterno que sirve de ejemplar y modelo al entendimiento y a la voluntad humanos.

Jung explicaba que “los arquetipos expresan los instintos en un sentido biológico, pero al mismo tiempo comprenden el lado espiritual. Se manifiestan en fantasías y revelan su presencia sólo por medio de imágenes simbólicas. El contenido de los sueños es siempre simbólico”.

Añade también que la manifestación de estos arquetipos son «una tendencia innata a generar imágenes con intensa carga emocional que expresan la primacía relacional de la vida humana».

Tomare la acepción número 4 (de la rae) para intentar explicar lo que me ocurrió con un sueño que convertí en literatura. Se trata del cuento que publiqué días pasados en este blog. Aquel en donde un niño se encuentra en un mundo de frambuesas y conoce a un gran pájaro celeste que le cuenta la historia de una oveja que se perdió del rebaño y luego encontró otro grupo con el que finalmente se quedó y llevó una vida mucho mejor a la que tenía. Al final de este cuento, el niño despierta de este sueño y se encuentra con su madre, quien le dice que su padre volverá a vivir con ellos.

La idea primaria que había tenido para este cuento era representar un sueño que funcionara como medio para que el joven pudiese superar a la persona que lo había dejado atrás. En este caso, el padre. Es así como se encuentra en un mundo extraño, caminando en círculo, y con un ave que le dice extrañamente que “cuando los humanos oyen su voz y tocan sus plumas, pueden olvidar todo y empezar de nuevo valorando sus vidas, que es lo más importante que tienen”. Me gustaba esta idea. El mensaje de la importancia de la vida surgió en el camino, mientras escribía el relato. Quise representarla además con una historia de superación. Es por eso que dentro del cuento incluí otra breve historia sobre la oveja y el desafío de la supervivencia.

Es importante resaltar que tanto el ave, como el niño caminando en círculos, fueron ideas que surgieron por fuerza natural, de forma espontánea y sin intención de incluir ningún tipo de mensajes subliminales. Fue, y lo podría comprobar si existiese algún sensor del pensamiento, una mera expresión del subconsciente. Un acto de azar hasta podría decirse surrealista. Y es esto lo que me sorprende hasta hoy.

En primer lugar, según el análisis del “inconsciente colectivo” de Jung, ” el ave como símbolo de liberación y de trascendencia, (…) y una serie larguísima de otras figuras habitan lo inconsciente colectivo y constantemente acuden a la consciencia sin que sepamos interpretarlos, con infinitas variantes de formas y detalles”.

Es esto sorprendente porque, cuando escribí “La vida en el rebaño”, lo que primeramente buscaba expresar era un mensaje de liberación del ser alguna vez amado. Sinceramente, me había inspirado en una mujer que me había dejado. Y como la idea principal de la historia era “superar” a quien nos dejó atrás, y a la vez defender el valor de la vida en la tierra, ubicando a la misma por encima de todo lo importante, entonces surgió un relato que califiqué en algún momento como un “canto a la vida”, tal cual lo hice con aquella novela titulada “La sociedad de las mentes”.

Para poder liberarnos de las personas es necesario tener en cuenta la importancia de la vida misma. Cuando caemos en cuenta de su valor, desarrollamos amor propio. Es como un acto reflejo. Y hasta es quizá parte de la naturaleza humana.

El amor mutuo es una consecuencia del amor propio. Lograremos la relación sentimental perfecta cuando nos amemos a nosotros mismos. Antes, probablemente será difícil. Pero puedo estar equivocado. Es cuestión de repensarlo y probarlo. Las experiencias son importantes para sostener teorías. Y estos escritos son solo un producto de la percepción social e individual de mi persona.

Pido disculpas por estas breves digresiones. Volviendo a la relación de mi cuento con el inconsciente colectivo, rescato esta otra parte del análisis de la teoría de Jung: “una serie larguísima de otras figuras habitan lo inconsciente colectivo y constantemente acuden a la consciencia sin que sepamos interpretarlos”. Es esta una gran verdad. Cuando escribí aquel relato, no me había percatado del significado de muchos elementos, que consisten finalmente en símbolos, que son según el psicólogo: “palabras o una serie de imágenes que representan algo más que su significado inmediato y obvio”.

¿Cómo pude traer a esta ave del inconsciente colectivo?

Cuando mi compañera de trabajo había hecho un análisis de mi relato, me presento todos estos significados y yo quede muy sorprendido. Era una mañana muy especial porque sentía que estaba acercándome a algo desconocido y fundamental para mi quehacer literario. Averigüe lo que estaba pasando y me encontré con la teoría de Breton, representante del surrealismo; en su primer manifiesto hablaba de “un dictado del pensamiento liberado de la razón”, entonces me preguntaba a mí mismo si la era posible realizar una obra surrealista sin formación cultural o estética de la gramática.

Hasta llegué a pensar que cualquier persona podría desarrollar el arte surrealista si nos basamos principalmente en el manifiesto de Breton. Porque el surrealismo, según sus manifestaciones, expresa lo íntimo del ser humano por medio del texto o la figura resultante del “azar objetivo”, que era para los surrealistas una justificación del inconsciente servil puesto a prueba.

Es este “azar objetivo” el producto de un trance (véase, Experimentación surrealista I) por el cual se desarrolla una poesía liberadora y emocional, extraída directamente del inconsciente del que hablaba Jung. ¿Fueron estos pensamientos heredados de nuestros antepasados, o surgen gracias a una influencia divina que llega a nosotros en determinado momento y en forma de arquetipos? Esa era la pregunta que surgía en mi interior.

Entonces, sobre este punto, Jung refiere que “la tendencia a las representaciones arquetípicas es tan evidente en los humanos “como el impulso de las aves a formar nidos”. No se adquiere con la educación ni en contacto con la cultura sino que es innata y hereditaria”. Sin embargo, me cuesta un poco creer que sean de carácter hereditaria.

Estos arquetipos se han observado en distintas épocas y culturas como manifestación instintiva de la especie, justamente como me ha pasado a mí con el cuento del rebaño. Jung decía que “al igual que los instintos se transmiten de un individuo a otro, surgen las fantasías que esos instintos generan, así como la sombra acompaña al cuerpo”. Pero estos instintos, ¿son movidos por fuerza natural? Esa sombra de la que habla Jung podría generar trabajos artísticos si dejáramos que el azar objetivo, la mente y el pensamiento actuaran de forma autónoma. La razón, entonces, solo debería servir para dar forma al azar y la espontaneidad. Es así como podríamos generar una obra artística. Pero aún así, la influencia divina en el azar podría ser una realidad si existiera realmente un creador del universo.

Por otro lado, Jung descarta que los arquetipos sean “representaciones heredadas”. Habla, más bien, de “posibilidades heredadas de representaciones. Tampoco son herencias individuales, sino, en lo esencial, generales, como se puede comprobar por ser los arquetipos un fenómeno universal». Y entre ellos, incluye al nacimiento, la muerte, el héroe, el viejo sabio (mononoke hime), etc.

No es la única manera de realizar arte, pero es una opción válida. Sobretodo si deseamos sacudir todas nuestras expresiones internas, incluso las que consideramos más primitivas.

Para resumir esta reflexión, quisiera incluir otra imagen onírica que se encuentra presente en mi relato. Hablo del camino circular que realiza el niño durante veinte minutos alrededor del ave celeste. Este tramo también fue escrito de forma inconsciente, al igual que el tiempo estimado de 20 minutos. No pensé dos veces antes de añadir esta escena en la historia.

Pero ese no era el único circulo. Otro más se presenta casi al final del cuento, cuando la madre del niño se encuentra estudiando. Describir esa mesa circular surgió solo para colaborar con el espacio temporal y la estética. No tuve otras intenciones ocultas.

Pues bien. Resulta que, según las definiciones de arquetipos de Jung, se representa coincidentemente (no existen las coincidencias) con un “círculo” al arquetipo de lo inconsciente colectivo, que es el “sí-mismo”. A éste, entre otros conceptos, se lo define como «la meta de la vida», “pues es la expresión más completa de la combinación del destino que se llama individuo”.

La meta del niño, en este caso, era entender que la vida es lo más importante que tenemos. Era también y sigue siendo esa mi meta. Y creo que es esta la meta de vida de millones de personas. ¿Es esta la “meta de la vida?

Sin ahondar mucho más en definiciones y conceptos de arquetipos e inconsciencia colectiva, o surrealismo literario, me gustaría concluir este escrito destacando que todos, al parecer, tenemos inconscientemente la capacidad para crear obras profundas con figuras de antaño que han persistido en la sociedad gracias al pensamiento que no se detiene. Es esta una fuerza que hoy no puedo comprender. Pero puedo estar seguro que todos tenemos esta facultad: expresar una obra con significados intraemocionales y fundamentales que sirven para comprender nuestro mundo y nuestro interior.

Pero aún con todas estas respuestas, me quedan dudas con respecto a la inspiración para desarrollar el acto de crear. Supongo que el dictado del pensamiento, aunque no se mueva específicamente por la razón, se activa gracias a una fuerza natural que es producto de una inspiración divina o proveniente de la energía del universo. ¿Es Dios?, ¿es algo más? Seguiré buscando respuestas.

Fuente de las afirmaciones de Jung: “Los arquetipos y lo inconsciente colectivo”, colección de obras de Carl Jung, Real Academia Española, y http://es.wikipedia.org/wiki/Inconsciente_colectivo.

Link del cuento referido en esta publicación: https://roundstickblog.wordpress.com/2015/05/08/cuento-el-pajaro-los-habia-reunido/

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