(Cuento) La vida en el rebaño

Comenzó en un valle lleno de frambuesas. Era increíble. Se sentía el olor de la fruta como nunca antes. Era muy real. Caminé durante veinte minutos sin saber qué estaba buscando. No entendía lo que estaba pasando. En todo el trayecto miré fijamente el centro del valle; había un gran pájaro celeste que sonreía pero aparentemente no podía moverse.

Cuando pasaron los veinte minutos decidí romper el miedo y acercarme al animal. ¿Saben qué paso? Ni bien el pájaro supo que me acercaba, comenzó a mover sus alas. ¡Me dio realmente miedo! Pero eso no me detuvo. Si iba a volar, yo lo acompañaría. No podía dejar que se fuera sin conocerlo mejor.

Armé gran valor y corrí antes que levantara vuelo. El pájaro se dio cuenta y comenzó a aletear más rápido. Quería levantar el viento suficiente para alejarse. Pero eso no me detuvo. Seguí corriendo sin importar las ráfagas. Y me contuve para no gritar porque tenía muchas ganas de hacerlo. Pensé que si lo hacía el pájaro se sentiría amenazado. Y no quería que eso pasara. Se apresuraría aún más.

Sus patas abandonaban el suelo. Era el momento apropiado para saltar encima de una. Pero cuando por fin llegué a sentirla, mi mano se aflojó y no pude sostenerme. Caí al suelo. Sentí que todo se había acabado. Que ya no podría conocer más sobre aquel pájaro. Pero algo inesperado sucedió.

– ¿Cómo te llamas, niño? -preguntó aquel ave desde el cielo. No pude responder. Tenía una mezcla de miedo y sorpresa. Y el pájaro al parecer lo noto. Por esa razón, bajó la cabeza y me impulsó encima de ella. Luego empezó su vuelo y las frambuesas se levantaron a su paso. ¡Fue increíble!

– ¿Tú cómo te llamas, pájaro? -pregunté mientras sentía por primera vez a las nubes pasar a través de mí.

– Jorge – respondió, y no me pude contener de la risa. ¿Un nombre como ese para un pájaro?

– ¿Es gracioso mi nombre? -preguntó luego de que notara que me aguantaba para no echarme a reír como un payaso.

– No, no -respondí apenas, pero no logré aguantar demasiado y una que otra carcajada se escuchó en el aire. – Pero no se enoje, señor Jorge. ¿No le molesta que me ría, verdad?

– No te preocupes, niño, que no es molestia -respondió con una voz muy amigable.

– ¿Quien es, de dónde viene, cómo llegó hasta aquí, por qué puede hablar como un humano? -pregunté con ansias.

– Wow, son muchas preguntas para un niño de tu edad. ¿Cuántos años tienes? -preguntó mientras intentaba desviarse al ver que una montaña se levantaba a lo lejos.

– Tengo 10 -dije, y empecé a sentir cada vez más frío.

– Buena edad, niño. Pero es raro que ya me sueñes a estas alturas. ¿Alguien importante te ha dejado?

– ¿Eso por qué? -preguntó bastante curioso.

– Solo las personas que han sido abandonadas por un ser muy valioso pueden atraerme a sus sueños.

Eso me dejó pensando. Al principio no sabía qué decir. Aunque le tomara cariño y volara encima de él, mi mamá siempre decía que no hablara con extraños sobre mi vida.

– Mamá no quiere que hable con nadie de mi vida, pero sí he sido abandonado por alguien. ¿Por qué solo las personas así pueden verte?

– Soy como un apoyo que tienen en momentos de dificultad -dijo el ave al detenerse para tomar agua de uno de los lagos del mundo de frambuesa.

– ¿Un apoyo?

– Sí, estoy para ellos en el centro de este mundo. Cuando me escuchan y luego tocan mis plumas, pueden ver que en realidad no les falta nada.

_ ¿Por qué crees eso?

– Porque están vivos.

No entendí lo que me dijo Jorge. ¿Tengo todo lo que necesito si… estoy vivo? ¿Cómo podía descifrar algo como eso? Le seguí preguntando qué significaba todo.

– ¿A qué te refieres con eso? No entiendo.

– Es natural que no entiendas, eh… ¿cómo dijiste que te llamabas?

– Julio, me llamo Julio.

– Julio. Es natural que no entiendas lo que digo. Eres todavía un niño.

Esa respuesta me molestó bastante. ¿Me estaba subestimando? Así me sentía. Por eso volví a preguntar.

– ¿A qué te refieres con la vida de los demás?

– Imaginate a una oveja caminando en la granja.

– Sí.

– Va caminando junto al rebaño, pero de momento se pierde para encontrar un refugio. Sabe que las demás ovejas tendrán su día de peluquería, y ella no quiere perder su hermoso pelaje.

– ¿Pero qué tiene que ver todo eso? -pregunté ansioso.

– Cuando la oveja llega a encontrarse sola, siente mucho temor porque no está acostumbrada a dejar a sus compañeras.

– Sí, ¿y eso?

– Ten paciencia, chico.

– Bueno, bueno.

– El punto es que la oveja encuentra un sitio para refugiarse porque así lo desea. Pero después no sabe cómo volver a su hogar. Se ha perdido.

– ¿Y cómo volverá a su casa?

– Ese es el problema. No sabe cómo volver a su casa.

– No es una historia muy feliz la que me cuentas, ¿sabes?

– Todavía no he terminado -dijo Jorge levantando una gran polvareda con sus alas.- Pasan las horas y ya siente hambre. Y también empieza a llorar. No tiene comida ni compañía. Se ha quedado sin nadie que la apoye. -Jorge tomó un poco más de agua y continuó su historia.-De pronto se queda dormida, y despierta 6 horas después. Siente un gran vacío dentro de ella, y sale a caminar por el valle en busca de encontrarse nuevamente con el rebaño.

En el camino se encuentra con otro grupo de ovejas que no es el suyo. Va corriendo a preguntar a una de ellas si no vio a su rebaño. “No vimos nada, ya vete”, le responde con indiferencia. La oveja, muy triste, se voltéa y prosigue con su camino. La otra oveja indiferente vuelve a preguntarle: “¿cómo te has perdido?”. Y ella responde con timidez: “Es que no quería cortame el pelo”. La oveja indiferente le dice: “¿y ahora ves el precio de desobedecer, verdad? Oye, al menos no te has muerto en el camino”.Tras esta respuesta, la tímida se puso más triste y decidió seguir por otra senda.

Segundos después, la indiferente volvió a dirigirse a ella: “Si quieres puedes venir con nosotros, tenemos comida y no es día de peluquería”. La oveja tímida le dijo: “Gracias, pero yo quiero estar con mis compañeras”. La indiferente aseguró: “Vaya, qué obstinada eh, y yo que quería ayudarte, pero bueno, allá tú con tus problemas”. Se volteó y siguió con su grupo. No pasaron más de 30 segundos para que la oveja tímida se volteara y le pidiera nuevamente acompañarla. La comida la había convencido. Pensó en reponerse con el alimento y continuar con el viaje cuando volviera a tener fuerzas.

Jorge se había sentado en las orillas del lago para continuar relatando. También yo me había acomodado.

– ¿Qué sucede?

– Nada, es que casi me duermo -respondí bostezando e incorporándome.

– Bueno, ya termino. La oveja tímida pensaba en irse una vez terminara de comer, pero pronto conoció a otras ovejas que la invitaron a quedarse y le prestaron habitaciones muy bonitas en donde podía alojarse por las noches. Tenían su propio fuego y todo estaba muy limpio, a diferencia de su antiguo hogar donde la suciedad y el desorden eran muy visibles. Pasaron los años y la costumbre a la abundancia y la limpieza le permitieron a la oveja tímida quedarse. Se sentía muy a gusto con su nueva vida, y todos la trataban muy bien. Siempre habían riñas por quién se quedaba a dormir en la mejor habitación, o por quién tendría su ración de postre durante los fines de semana, pero además de eso todo marchaba muy bien. Llegó a pasar allí unos 4 años, aproximadamente.

– ¿Y después qué pasó?

– En una mañana calurosa, cuando la oveja tímida ya se desempeñaba como líder, el grupo iba caminando por el valle sin preocupaciones. La indiferente caminaba a lado de la tímida. Desde que la conoció, nunca se había despegado de ella. De repente, vieron por el camino a una oveja herida en el pie. Sangraba y necesitaba ayuda. Le preguntaron qué le había pasado y ésta respondió que habían atacado su refugio y que su rebaño había sido atrapado. Inmediatamente, llevaron a la oveja herida a curarla. Y mientras tanto, otras ovejas, lideradas por la tímida, emprendieron un breve viaje hasta el refugio atacado. Allí se encontraron con un capataz malvado que las arrinconó y amenazó con matarlas. Las ovejas fueron atrapadas y metidas dentro del refugio con las otras que anteriormente habían sido atacadas. Muchas de ellas estaban gravemente heridas.

– ¿Y qué paso con la oveja tímida?

– La tímida se las ingenio para escapar detrás de unas malezas al momento en que las demás fueron arrinconadas. Afortunadamente, llevaba consigo una llave grande que usaba siempre para abrir el refugio donde actualmente se encontraba. Con esta herramienta golpeó la puerta y logró abrirla. Entonces, las demás ovejas aprovecharon que el capataz estaba distraído para escapar. “¡Pronto!”, dijo la oveja tímida cuando sus compañeras emprendían la corrida.

El capataz oyó el quejido de la oveja y fue rápidamente hasta el sitio. En el lugar no se encontró con ninguna de las ovejas atrapadas. Solo vio a la tímida, a quien trató de golpearla con un palo de bambú. Pero ella lo esquivó sagazmente.

Entonces, el capataz se acercó más y pudo alcanzarla. Cuando al fin logró darle un golpe…

– ¿Qué paso, qué paso?

– Calma, chico.

– Está bien, disculpa.

– Bueno, como te decía, cuando al fin la golpeó, apareció la oveja indiferente y la defendió. Empujó al capataz tan fuerte que logró hacerlo caer al suelo. Juntas, liberadas del peligro, las ovejas emprendieron rápidamente el viaje de vuelta al refugio.

– ¡Qué bueno! ¿Y qué paso después?

– La oveja tímida llegó y una de las ovejas del antiguo refugio le dijo: “¿dónde has estado todo este tiempo? Pensamos que habías muerto”. Ella respondió: “Los busqué mucho pero después me encontré con este grupo de ovejas y decidí quedarme, pensaba que ya no podría encontrarlos más. Y como tenía mucha hambre, quizá no habría aguantado lo que durara la búsqueda”. La oveja del antiguo refugio respondió: “¡Wuau! Eres muy valiente. Comenzaste una vida nueva”. No es nada, respondió la oveja tímida, y añadió: “Supongo que tenía miedo de morir”. Y la indiferente se unió a la conversación diciendo: “Siempre es mejor aferrarse a la vida. Es todo lo que tenemos”.

Jorge dejó de hablar. Se levantó y preparó sus alas para volver al cielo.

– ¿Eso es todo?, ¿se termina así?

– Sí, chico, qué más quieres.

– No sé, pensé que sería más épico, que habría alguna explosión o algo así, pero al final no pasó nada de eso.

– Esta no es una película de Hollywood -respondió.

– Sí, yo sé pero…

– Cuando los humanos que vienen aquí escuchan esa historia, no les tengo que decir nada más porque ya despiertan y dejan de sentirse mal.

– ¿De verdad?

– Sí, y algo más que tienes que saber es que yo soy la persona que más te quiere en este mundo.

– ¿Persona? Pero si eres un pájaro, ¿cómo puede ser eso posible?

– Es un sueño, todo es posible. A ver, toca mis plumas -dijo y se acercó, levantó mi brazo y la posó encima de él.

– La persona que más me quiere -dije mientras acariciaba a Jorge.

– Sí. Es por ello que te he contado esta historia.

– ¿Por qué?

– Porque quiero que sigas el ejemplo de la oveja.

– No entiendo. Y tampoco entiendo por qué dices que eres una persona.

– Ya te dije que este es un sueño. Solo imagina que soy la persona que tú crees que más te quiere, y podrás entenderlo todo. Confía en mí -dijo el pájaro guiñando un ojo.

– La persona que más me quiere…

En ese instante, el pájaro comenzó a brillar, y también empezó a cambiar de forma. Pronto todo había sido iluminado por un gran resplandor, y lo siguiente que recuerdo es la mirada de mamá.

***

– Julio, julio, ¿estás bien? -se escuchó de pronto en la habitación.

– Mamá -respondió Julio. Había despertado del sueño.

– Estabas hablando en tus sueños cuando vine a despertarte. ¿Estás bien?

– Sí, mamá, no te preocupes. -Julio observó a su alrededor y luego dijo: – ¿No viste a un pájaro grande llamado Jorge por alguna parte?

– ¿Pájaro? -preguntó su madre frunciendo el ceño.

– Nada, nada.

– Me alegra que estés bien, al parecer tuviste un sueño y te dejaste llevar. Pero bueno, tengo que contarte algo.

– ¿Qué paso? -preguntó Julio.

– Tu papá y yo decidimos volver a vivir juntos. ¿Qué te parece?

– ¿De verdad?, ¿de verdad?

– ¡Sí! Y lo mejor de todo es que podrás volver a jugar con él después de la escuela, ¡¿no es genial?!

Julio comenzó a mover los brazos y a saltar con felicidad encima de su cama. Estaba muy contento porque volvería a ver a su padre luego de tantos años de ausencia.

Cuando llegó de la escuela ese día, vio el auto negro de su papá y corrió rápidamente a su habitación. Sabía que se trataba de él. Entró y le dio un gran abrazo, y su padre respondió con otro más fuerte. Después, comenzó a perseguirlo como si fuera una persecución. El niño disfrutaba escaparse dando vueltas y gritando. Terminado el juego, Julio le mostró a su padre todos los dibujos que había hecho en la clase de artes plásticas. El hombre no hacía más que sonreír y abrazarlo.

Horas después, Julio fue en compañía de su padre a ver a su mamá. Estaba dentro de la sala, terminando unos apuntes de su universidad en una mesa circular de madera. El padre se dirigió a ella diciendo: “María, ¿alguna vez soñaste con un pájaro muy grande con un nombre igual al mío?”. La madre se sorprendió. Era exactamente lo que le había dicho su hijo por la mañana. “No, ¿por qué la pregunta?”. Jorge respondió: “Es que Julio me dijo que soñó con uno hoy, y fue muy raro porque…”.

– Papá, ¿también soñaste con uno verdad?

– Sí, hijo -respondió el padre abriendo los ojos y sonriendo- Hace unos meses también lo vi. Era como una persona pero en forma de ave, o al menos eso entendí cuando me hablo -añadió con un dejo de duda.

– ¿Y quien te imaginaste que era?

– ¿El ave?

– Sí.

– Pensé que era tu madre -dijo Jorge dirigiendo su mirada a María-. Me la imagine, de verdad… pero luego desperté cegado por una luz muy intensa. Todo pasó muy rápido, pero se veía muy real.

– ¿Y qué entendiste con la historia de la oveja? Yo no la entendí tanto -dijo Julio mientras bajaba de la espalda de su padre y se acomodaba en el sofá.

– Entendí que debemos aferrarnos a la vida y no dejarnos vencer por un mal momento, porque siempre encontraremos algo mejor en el camino, así como como la oveja tímida, que disfrutó junto a un nuevo refugio, ¿recordas esa parte?

– Sí, pero… no entiendo, ¿por qué preocuparnos en aferrarnos a algo que ya tenemos? Sería muy tonto dejarlo, ¿o no? Digo, si vivimos ahora, y somos tan felices juntos, y podemos soñar con pájaros gigantes ¿por qué querríamos dejar de vivir? ¿qué hay de malo en ello?

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