La sociedad de las mentes, de Juan de Urraza

Alguna vez, todos o casi todos habremos pensado en la siguiente pregunta: ¿este mundo es así como nos lo pintaron desde pequeños? Y el papel de los medios de comunicación, la religión, y las opiniones de los demás, personalidades, científicos, escritores, juega un papel fundamental para que surja esta interrogativa.

En la novela de ficción, “La sociedad de las mentes”, podemos ver un mundo utópico, como el mismo autor lo describe, en donde esta pregunta es respondida a base de creaciones, clones y personajes que intentan sobrevivir en una tierra post-apocalíptica.
Urraza crea de esta manera un mundo completo, en lo que respecta a una imaginaria realidad virtual en donde los seres humanos (en este caso, los clones) son capaces de crear lo que se les plazca a través de sus mentes y también valorar lo que otro logró crear en aquel mundo.

Tanto el aspecto como el ambiente y los periodos de tiempo son puestos a entera disposición de los clones, y esto hace denotar la curiosidad del autor, y así también su imaginación.

Lo que hace interesante a la obra no es que intenta satisfacer la imaginación y, quizá, esa búsqueda afanosa que tenemos los seres humanos de intentar explicar el porqué de la existencia. Es su manera de comparar ambas realidades a través de los ojos del personaje principal, Apolo, quien no es otra cosa que una representación de nuestros sentimientos, si es que estos se viesen atrapados en la acción de decidir qué es mejor: el mundo real, con todos sus defectos, o el mundo virtual, con todos sus privilegios pero con numerosos secretos de por medio.

Dicho esto, recuerdo a Charles Dickens y su novela “Hard Times”, en donde la esposa del señor Bounderby decide optar por un mundo de emociones y lanzar por la borda lo que durante toda su vida le inculcaron: un mundo de realidades, y nada más que realidades. Un contraste, pues, en este caso, Apolo se decide por la realidad, que supera al mundo imaginario, no por sus bondades o facilidades, sino por las emociones y el amor -que Dickens defendía en aquella novela, quizá indirectamente, quizá muy directamente-…

“Sea como fuere, de todos modos amo esta forma de vida… -dijo Apolo finalmente, observando a los demás abajo, entre las sombras – Nada se compara con ella, ni siquiera el mundo más ideal y perfecto que nuestra mente podría crear. Jamás seríamos capaces de visualizar algo más sublime de lo que la vida misma nos da cada día…”. Esto dice el personaje al final de la novela, reflejando su última visión de la realidad.

Aunque quizá en el libro queden historias inconclusas o que podrían desarrollarse un poco más, se puede decir finalmente que “La Sociedad de las Mentes” es, por qué no, un canto a la vida, con sus problemas y virtudes; la respuesta a una pregunta que, si desea, puede quedarse tal y como se encuentra, ya que la vida no cambia, mejora, empeora y se cuestiona. Pero eso nos hace humanos, nos hace libres, independientes, únicos… como todo lo que existe en este mundo.

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