Escribir libros en Paraguay

Nuestro país aún no está desarrollado plenamente en el ámbito literario. La lectura todavía es vista por muchos jóvenes como “algo muy largo”, “que quita mucho tiempo”, “que es aburrido”.

Cuando hablo del ámbito, me refiero a los escritores, a la difusión de un trabajo literario, a la crítica valorativa y analítica de una novela. A todo eso que hay detrás de un libro de cuentos o una novela. Y adelante.

“El tema tiene varias capas. Tenemos grupos de personas que leen y que siempre leyeron y otros grupos que no”, dice la escritora paraguaya Irina Ráfols, quién no necesita una carta de presentación en estos tiempos de internet, donde tenemos la información de (casi) todos los autores del planeta al alcance de nuestras manos.

La escritora señala, a propósito sobre esta herramienta, que es un medio tanto importante como necesario para todas las personas que desean crecer, estudiar y, por sobretodo, leer, que es lo que intentamos fomentar desde este pequeño espacio virtual.

En internet, el lenguaje va cambiando cada vez más. Ya es normal ver abreviaturas, y hasta mala ortografía como una actitud “anti-establishment”.

“Al llegar a las redes sociales tenemos que reconocer que hay cientos de personas que escriben y leen: Facebook, Twitter y otros. ¿Que si escriben mal? Sí. Muchos no usan el lenguaje tradicional. La mayoría opta conscientemente por liberarse de las normas clásicas de la escritura. Y esa elección está generando un lenguaje particular, igual que en los mensajes de celulares”.

Irina tiene razón al avizorar ese cambio. Esa tendencia destructiva. Pero ante todo ello, vislumbra un dejo de esperanza: “Hace tiempo se anda trabajando en proyectos de lectura y fomento al libro de papel a nivel nacional. Está dando resultados. No se puede negar que está pasando algo positivo, que ya se sienten los efectos de los trabajos de muchas personas, particulares y de instituciones”.

También le pregunté a Oscar Boubée acerca del tema.

Intelectual. De voz contundente. Periodista y docente… esa profesión en donde uno recibe y otorga al mismo tiempo. Diría que una buena influencia para toda persona que busca el conocimiento.

Boubée analiza la falta de lectura de la siguiente manera:

“La lectura no fue incentivada en años anteriores y fue perseguida por todos los regímenes totalitaristas de la región. Leer era subversivo o una pérdida de tiempo. Y así como de padres que leen surgen hijos que leen, obviamente, de padres que no leen…”, surgen hijos que terminan usando la web para otros fines menos educativos. Y soy poco explícito, que conste.

También tengo el placer de contar con las reflexiones de Juan Eduardo de Urraza, docente y escritor, dueño de varias historias que todavía no tuve el agrado de conocer. Pero eso será historia pronto.

El vuelve a tocar el factor histórico:

“Debemos recordar que vivimos una larga dictadura, donde los intelectuales y los pensadores fueron exiliados o desaparecidos, y donde la expresión escrita era censurada o cortada. Esto nos trajo una generación casi perdida, exceptuando a los exiliados que escribieron gran parte de su obra justamente en el extranjero”.

Es tan triste el panorama, mirando solo unos años atrás, que hoy en día es casi comprensible que la mayoría de los paraguayos tengan esa aparente fobia al papel, al mundo de las letras.

En las primeras líneas, mencionaba las posibles citas con que se excusaban los/as chicos/as para no leer. Urraza toca este punto. “La literatura en Paraguay se ve como un medio arcaico porque toma mucho tiempo y atención a una sola cosa, y por lo tanto no interesa a la juventud, o no es su medio preferido. Además, tenemos la invasión de los medios masivos de comunicación, (…) y todo el tiempo que la persona tiene para esparcimiento, prefiere asignarlo a estos medios, y no a una lectura que requiere de un esfuerzo intelectual”.

Dicho esto, recuerdo una de sus charlas en donde hablaba, entre otras cosas, del “fenómeno de la inmediatez” actual. Esos 140 caracteres mágicos, entre otras herramientas que son útiles, ¿en buenas manos?

La crítica literaria en medios paraguayos

Los periódicos (impresos y digitales) tienen una tarea: informar. Parece tan sencillo. Pero el arte de informar no se termina en gacetillas, hechos sustanciosos, eventos políticos. No. Olvidamos la opinión, ese elemento que “construye ciudadanía” y “da sentido crítico al común denominador”, etc. ¿Existe algo como eso -en materia literaria- hoy en Paraguay? En un 95%, es seguro que no. Porque no podemos olvidar a los suplementos literarios de los principales periódicos, y también a las revistas mensuales.

“Yo creo que la prensa, más bien, ayuda bastante para la difusión de eventos culturales”, dice Irina con relación al tema. Ella y Boubée coinciden en algo: no hay verdaderos críticos en Paraguay porque no existe la formación necesaria.

Estimulación, seriedad. Cosas que se necesitan para avanzar en materia de crítica literaria. La autora de “El Hombre Víbora” es directa. “El verdadero crítico tiene que hacer un estudio de la obra que va a analizar. Esto es trabajo intelectual. Y sucede que mucha gente piensa que escribir críticas es un hobby. No se valora el compromiso, el tiempo que se le dedica al estudio, no se valora el conocimiento. Poca gente paga por este trabajo. Entonces no hay estimulo. Es fácil el tema: hay que empezar a dignificar el trabajo de la persona que estudia, pagándole, y van a ver como aparecen más críticos literarios. Paraguay los tiene”. Queremos descubrirlos, también nosotros, los que estamos “en internet nomas”.

No somos todos ingenuos, pero repetimos formatos en nuestras reseñas, en nuestras notas, en nuestros reportajes. No hacemos más de lo que se nos impone como formato convencional, en una clase o -¿por qué no?- en una sala de redacción. Boubée es franco al hablar sobre este punto. “Existe poca, muy poca (crítica). No soy dueño de la verdad, pero percibo una suerte de falta de idoneidad genuina para la crítica objetiva y moderna. Hay muchos descuartizadores de la literatura (como dijera Marco Denevi), pero no veo innovaciones en el análisis de lo que se lee. Además, hay muchos intereses personales. Como la mayoría de los que critican, también escribe, supongo que temen que les paguen con la misma moneda”. Y vaya que si existen intereses personales. Una vez me pregunté a mi mismo, ¿por qué debería tener miedo al escritor? Digo, si yo hiciera un libro, y me lo reseñaran como ¡el fracaso demencial de la narrativa romántica!, le mandaría regalos al que lo hizo. No sé, creo que todos los que alguna vez escribimos, vemos lo que hacemos y decimos: ¡Uy, que mal ya escribía! Eso es parte de crecer, ¿verdad? Dejemos que el crítico nos apuntale, entonces. Algo de verdad vamos a encontrar, y si no, ganamos igual.

Urraza comparte la idea de que existen medios de comunicación que incluyen suplementos llenos de novedades de este mundo (dichoso mundo) dentro de sus páginas. “Se pueden comparar varios análisis de obras nuevas, y también de sus autores”, dice. Y con relación a la crítica (a los críticos), se explaya:

“La crítica literaria requiere un alto nivel intelectual y de ilustración que es difícil encontrar en nuestro país. No tenemos universidades que formen realmente a buenos potenciales críticos (si bien hay carrera de letras, en general sirve para formar docentes en literatura, pero no tiene suficiente profundidad), y tampoco hay medios para que un crítico o intelectual viva de eso. Para ser crítico debe uno ser experto en la materia, o en una rama literaria, y conocer a todos sus autores y obras. Lamentablemente, no hay puestos de investigación en instituciones culturales o en universidades para que un intelectual pueda dedicarse a esto y vivir de ello. Los pocos críticos que hay, en general, son escritores que han dedicado parte de su vida a ello, o periodistas que trabajan en áreas culturales, aunque no tienen la preparación necesaria”.

Pero no todo se ve a una escala de grises. Él mismo nos habla de eso. De cómo hay una luz muy tenue al final del pozo. “Existen intelectuales y pensadores que fungen de dicha función, y que son tesoros vivientes, como ser Luis Maria Martínez, Delfina Acosta, y otros promotores culturales que nos sorprenden gratamente con análisis de obras y autores en periódicos locales o en publicaciones como la revista del PEN club, uno de los pocos bastiones de crítica literaria verdadera y ensayos en nuestro país. Tenemos también extranjeros interesados en nuestra lengua, como ser José Vicente Peiró, y paraguayos que han vivido mucho tiempo en el extranjero, como Enrique Marini. Hay más gente, no estoy haciendo una lista exhaustiva, pero son pocos”.

El novel contra la prensa y las editoriales

“Simplemente va y se presenta, y tiene suerte si siendo un desconocido alguien se apiada de él y le da corte. También puede ir recomendado por un amigo o una editorial”. Así responde Irina a la pregunta: ¿cómo llega un novel a un medio? Una pregunta que todos los que alguna vez pensamos en escribir nos la hicimos. Una pregunta que tememos hacer, por las (¿nulas?) posibilidades que se ofrecen en Paraguay. Un país en donde escribir todavía no es rentable.

“Para conseguir una publicación, depende mucho de la calidad literaria de la obra, porque muchas veces, si la calidad no es muy buena, la publicación se consigue porque “vale la pena publicarlo”, pero cuando escribís algo más artístico, entonces todo cuesta mucho más. No podes mandarte la parte de escribir bien y no esperar que te duela el bolsillo”. Y cuánto duele. Más aún para nosotros, los que no somos “conocidos”. Irina lo da por sentado: “el que no es conocido debe pagar por su edición”.

Pero no siempre seremos autores desconocidos (¿no?). Y al momento en que llegamos a ser más conocidos, dentro de ese mundo, y queremos publicar algún libro… ¿qué pasa después? “Puede que la editorial se haga cargo del costo y el autor solo reciba el 10 % de la ganancia, en libros o en efectivo. Esto es así en muchas partes, no solo en Paraguay. Aunque hay otras realidades más generosas en lugares como Estados Unidos y en países europeos”.

Para Boubée, una manera de lograr que un novel publique su obra, es a través de una recomendación por parte de algún escritor reconocido. O también, “si tiene dinero para pagar la edición, si es una persona influyente, o si es amigo del dueño (de la editorial)”. Seamos todos amigos, entonces.

Sin pelos en la lengua (es tan burda esa expresión, ¿verdad?), Urraza habla acerca de cómo llegar a la prensa de papel. Analicemos un periódico durante un mes, y veremos con nuestros propios ojos lo que el creador de “Señores de Fuego” cuenta en las siguientes líneas.

“Usualmente el escritor contacta con los redactores de los diferentes periódicos, les entrega sus libros, y cruza los dedos esperando que sean de interés para ellos y que escriban una reseña del mismo. En general, lamentablemente, los periodistas no tienen dicha capacidad crítica, por lo que entresacan cosas de la gacetilla o del prólogo, sin un análisis real de su parte. Existen excepciones, como dije, y hay algunos periodistas que son escritores o tienen experiencia en crítica literaria, que sí son capaces de escribir una reseña bien analizada de los libros. Muchas veces, de hecho, es más sencillo lograr que publiquen la noticia del lanzamiento del libro con fotos de la tapa o del acto, pero no un análisis de la obra”.

Urraza cita dos editoriales que “se arriesgan con sus publicaciones” a la hora de abrir sus puertas a los noveles: Arandura y Servilibro. “Es gente voluntariosa que apuesta por la cultura”, asegura. Y confiesa: “Particularmente he guiado a nóveles escritores a contactar con nuestras editoriales y (por ende) han logrado publicar sus libros sin mayores dificultades”.

Nos habla también del control de calidad. “Ciertamente, muchas veces las editoriales no evalúan la calidad de los libros, ni hacen correcciones de estilo, con lo que el nivel de las obras publicadas no siempre es el mejor”.

¿Papel vs. Internet?

Hoy en día es normal encontrarnos con personas que dicen leer mucho más en internet (o en re-versiones digitales) que en el papel. Y no es mi intención hacer un estudio de cuál es la mejor herramienta, o cuál será la que se impondrá dentro de cincuenta años, o más. Pero sobre el punto, quisiera señalar a todas esas personas que dicen que el internet es el enemigo de los medios impresos, que nunca lo fue, ni se propone a serlo. En cambio, y aunque les cueste aceptarlo, es un aliado, un punto de acceso para otro tipo de clientes. Es otro mercado que el papel nunca, en tantos años de existencia, hubiera podido conseguir si no fuera por la madre de redes, o “san google” como dice Boubée, irónicamente (es ironía, supongo), quién se muestra algo reticente hacia esta nueva (¿sigue siendo nueva?) tendencia.

“Tengo serias dudas al respecto. La abominable trilogía Las sombras de Grey, etc., se puede bajar desde hace tiempo desde muchos sitios de Internet. Sin embargo, vendió como 60 millones de ejemplares. Todavía el soporte papel se impone, pero, supongo, será una cuestión de tiempo. Luego, es muy probable que se llegue a otro tipo de material de impresión que no necesite un soporte auxiliar para su lectura. De nada sirve un e-book en una isla sin energía. A no ser que usen energía solar ¿Y si llueve? No sé. Supongo que las editoriales no venden porque siguen el esquema comercial del siglo XIX. Quizás si se actualizasen, si buscasen un beneficio más lógico…”.

Recuerdo ahora haber leído una encuesta en slideshare.net. Hablaban sobre los tipos de lectores que existen y consumen periódicos. En un párrafo se habla sobre las preferencias:

“Las principales razones aducidas por los lectores exclusivos de “papel” para no leer prensa en Internet son: “En papel puedo leerlo en cualquier sitio” (ítem que puede dar una cierta potencialidad a los dispositivos móviles) y “no disfrutas igual de la lectura” (aspecto cultural-generacional). En el caso opuesto (lectores exclusivos online) el principal motivo es de carácter económico, seguido por razones de “hemeroteca” (“puedo buscar noticias de hace tiempo”) y configuración de un producto ad-hoc (“personalización del diario”).

Me parece genial recordarlo porque, tanto estas comparaciones, como lo que dice Boubée acerca del boom de ventas de 50 sombras, confirman de igual manera que la idea de “Internet como aliado del papel” es, claramente, una realidad.

Urraza adelanta un futuro que muchos vemos más que posible: “Veremos en el futuro como viene la mano, pero es probable que muchos escritores se alejen de las editoriales para emprender por sí mismos todo el proceso de publicación digital, y que las editoriales queden a cargo del mercado impreso (que se está reduciendo) o de las tareas que los escritores no desean realizar”. Y responde, convencido, que “el mercado está cambiando rápidamente, y en los próximos diez a quince años podremos vislumbrar mejor su resultado. (…) El futuro dirá”.

Y ciertamente, solo el tiempo dirá si en Paraguay la crítica y la difusión literaria llegará a la altura de algunos países europeos o norteamericanos. Y si los autores nóveles tendrán mayores posibilidades. Y si la prensa tendrá espacios de literatura especializada con mayor frecuencia. Lectura. ¿Acaso no es esta la clave para que una nación se desarrolle?

Me gustaría terminar esto con una frase que quiero dedicar a todos los escritores jóvenes, y también a los maestros que hicieron posible esta nota, y a los autores más experimentados, y a todo aquel que ame el arte de vivir y escribir. No sé a quién le pertenece, pero la recordé… y eso es más que suficiente, por el momento:

“Si vale la pena, no va ser fácil”.

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