Abulio, el inútil

Hace tiempo que no hago una reseña de un libro, y menos para este blog. Hoy vengo a compartir con ustedes un libro que fue un regalo para esos momentos donde sentía que mi existencia no tenía algún rumbo, o por lo menos no sabía todavía en que gastar mi tiempo, que no sea simplemente leyendo o trabajando en más de lo mismo.

En este libro, la filosofía juega un papel muy importante ya que el personaje principal utiliza esa consigna de soñador e imaginativo a la hora de tratar con los demás. Pero el, a lo largo de la historia, demuestra que su actitud siempre será la misma, y son los momentos en que “predica” en donde él se muestra de tal modo para con los demás, no así el lector, que ya sabe de antemano como viene la mano (valga la redundancia) con la mente de Abulio Cassio.

“Él es el típico (no sé si típico, pero conozco muchos casos así, por eso digo) chico- hombre-espécimen-mono (?) Que se dedica a divagar por la vida, sin hacer nada más que rascarse la espalda” diría una persona si lo tuviera a simple vista, si éste fuera real.

Pero no va por ese lado. Más bien, lo que la autora, según mi criterio, quiere dar a entender, es que esa es la actitud de un joven-adulto-niño que aún no encontró esa misión por la cual vino a este mundo, ese camino, objetivo, meta, esa cosa que tarde o temprano uno se dará cuenta y dirá “Oh, ahora no me quedan dudas. Ya sé lo que haré por el resto de mi vida”.

Su vida gira entorno, primeramente, a su familia. Es hijo de una pareja, con varias hijas y una abuela que fallece en los primeros capítulos de la novela. Abulio siempre se demuestra perezoso, y sin ganas (o tal vez tenga ganas pero no las utiliza y las guarda para pensar, que es lo que más le importa). Su padre siempre sintió que su hijo le salió defectuoso, y es que siempre espero que lo ayude en las tareas de la casa, y éste, al igual que todos los padres (bueno no todos porque hay muchos que no se merecen el título de “padre”) esperaba que su hijo lleve las cuentas, trabaje, y lo suceda como el “hombre de la casa”, cosa que no sucede con Abulio por culpa de que siempre puso en primer lugar el estudio (a su manera) de temas trascendentales de la vida, y no tanto a las labores físicas ni administrativas.

Por motivos de espacio (???!) no me extenderé mucho en la historia, y haré mayor énfasis a mi percepción de la novela. Me pareció que a esta novela, que se desarrolla de manera autobiográfica, tal cual explica el protagonista en las últimas páginas, y que está escrita en primera persona protagonista le faltó un poco más de peligro. Las emociones se encuentran, mayormente, llegando a los capítulos finales de la historia pero, de todas formas se le podría haber sacado un poco más de “jugo” al argumento . Pero eso no le quita la gran prosa, las grandes ideas, y la gran razón que posee el personaje, así como también ciertos personajes que sorprenden por sus conocimientos, similares a los de Abulio, pero un paso más adelante.

La historia-conflicto-novela se desarrolla en los montes de Uruguay. Según la autora, “es ahí en donde existen muchas personas pensadoras, que tienden a ser filósofas, y que incluso lo son”. Allí Abulio cuenta que en su juventud conoció a un hombre de nombre Horacio, que entre la borrachera y la locura, no sabía si era confiable, pero prácticamente creció con él, y aprendió muchas cosas a cuestas.

En la trama, el personaje va más allá de su humanidad. Conoce a una vaca que habla, si, ahora seguro se te vino a la mente que “sí, es un divague mental y está loco”. No es así. Resulta que por cosas de la vida, la vaca se convertirá en el pilar fundamental para que el señor Cassio sobrepase esa barrera que le impedía ver la verdadera misión de su vida.

Suceden varias cosas, que desencadenan más y más problemas. Por un lado, Abulio intenta salvar a Horacio de una contienda, cerca de un local en donde al parecer la cerveza dominó en todo sentido. Luego de pasar un tiempo en la cárcel, son contratados por una familia que los utiliza en su estancia de modo a que la cuenta de la fianza quede saldada. Esta situación no termina muy bien, y tanto Horacio como Abulio deciden escapar del lugar.

Es así como Abulio termina inconsciente en la casa de una pareja, donde una mujer de nombre Judith lo ayuda a reestablecerse y volver a ser el mismo chico de antes. Es el momento donde empieza a girar mayormente en la relación entra Paramecia (la vaca) y Abulio. Luego de varios encuentros, Abulio decide levantar una pagoda en honor a Paramecia, cosa que ella le desagrada, y mucho.

Posteriormente el personaje decide viajar por todos los rincones del lugar, esparciendo los conocimientos que él iba adquiriendo de Paramecia, así como también los que el ya poseía, a los pobladores, en su mayoría ignorantes. No es que Abulio obtuviera algún conocimiento muy relevante de Paramecia. Ella simplemente le servía como inspiración para sacar a relucir lo que él comprendía pero no podía discernir, o concluir, más por una cuestión de confusión que por otra cosa.

Pero en la novela no todo es imaginación y paseos por la mente humana. También se desarrollan peleas, entre otras cosas. El señor De La Cueva y otros como Andrés, son las personas que buscan, en mayor medida, algún tipo de conflicto con nuestro personaje principal.

La novela escala por una montaña mental, que se compone primeramente de la confusión, sufrida por Abulio al comienzo que, al igual que otros, todavía no conocen (o no han indagado ni preguntado simplemente por pereza) lo que es la vida a profundidad, o solamente no saben qué hacer para seguir adelante ante tanto aquejo recibido por su entorno, cosa que muchos jóvenes sufren en la actualidad, ya sea por falta de trabajo o por el hecho de no aportar nada; y la posterior respuesta que todos, alguna vez, conocimos o en mi caso, conoceremos.

Existe una moraleja dentro de todo, que en breve lo leerán.

En un momento, ya casi al final de la novela, Abulio le pregunta a Horacio acerca de qué es lo que sobrevivió de todo esto que aconteció a lo largo de su estadía fuera de su hogar. Es ahí donde surge el siguiente diálogo:

– ¿ Que ha sobrevivido de todo esto Horacio ?

– Todo lo bueno, Abulio

– ¿Todo lo bueno? ¡Mucho más malo que bueno! Perdí a Paramecia, la pagoda, mis hermanos están heridos por mi culpa, los viejos deben de estar hartos de los problemas que les doy…
¡quiero irme!

– ¿Adónde viejo? Tienes lo más importante todavía

– ¿Qué?

– Por ejemplo, tienes a Raquel, sé que la tienes… aunque no sé dónde está..

Y es aquí donde leí una de las frases que más me agrado y con la que más me sentí identificado, viniendo de Horacio:

“Tienes a tu familia, la cual nunca te importó. Tienes el reconocimiento de mucha gente, la cual no conoces, y me tienes a mí, que últimamente no tenías muchas ganas de verme… ¿Qué te falta? ¡Ah! ¡Y todavía te tienes a ti mismo, que es lo más importante de todo! Que estás… casi entero”.

Muchas veces pensamos que ya todo está perdido, y que lo hemos perdido todo. “Abulio, el inútil”, además de todo lo que nos cuenta a través de sus páginas, nos enseña que al final, lo más importante es hallarse a uno mismo, y encontrar finalmente, el amor.

Si algo aprendí con el libro, es finalmente eso, la comprensión por los demás, y el estado que mencione, el de hallarse a uno mismo. Y como dice Abulio al final, es verdaderamente un prodigio, y se siente un verdadero gozo cuando uno puede “dejar el ritmo del corazón, acompasado por otro”.

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